Confianza en los Partidos Políticos y en el Parlamento

Partidos Políticos

Partidos Políticos

Situación de Uruguay 1995-2015

Es un secreto a voces el poco interés que despierta la Política en la población. Esto es la “Política” en sentido amplio, no solamente a la actividad que ejercen los políticos, sino también todo lo que tiene que ver con las cuestiones públicas.

Cuando se imparten clases introductorias de Ciencia Política, se muestran dos visiones, la minimalista y la maximalista. La primera reduce la acción política a las acciones de gobierno; mientras que la segunda incluye toda actividad que se desarrolle en la sociedad, como por ejemplo una comisión de padres que apoyan la gestión de la escuela de sus hijos o la del club deportivo del barrio. Según esta visión todas esas son acciones políticas.

Visto de este modo, habría que hacer un conteo de participación en todas y cada una de las organizaciones sociales para establecer un número x de ciudadanos que hacen política día a día.

Sin embargo esa participación, que es muy meritoria e importante, no contribuye con los estamentos que sostienen al sistema democrático en su conjunto. Sí pueden apuntalar el sistema democrático del centro de estudios o del club del barrio, pero no aportan al conjunto de la democracia de un país.

Las instituciones que mantienen al sistema democrático son los Poderes del Estado, especialmente el Poder Legislativo; y los partidos políticos.

No puede haber democracia sin Poder Legislativo elegido libremente, en limpia  competencia en donde se juegue la suerte de la ocupación de los escaños. Si quienes detentan una banca no se sienten amenazados por el resultado electoral, pues entonces no se trata de una elección transparente, y por ende no es democrática (Adam Przeworski, 2010)[1].

Y el sistema necesita partidos políticos que organicen esa competencia y busquen permanecer o llegar al poder.

Es importante entonces, para la calidad democrática tener buenos parlamentos y buenos partidos políticos. Pero ¿qué es tener buenos parlamentos y partidos? ¿Quién dice lo que está bien o lo que está mal? ¿Quién puede afirmar que tal parlamento es bueno porque hace tal o cual cosa, y que otro es malo por lo contrario?

Por supuesto que no hay una respuesta única para esas preguntas. Lo que sí tenemos son aproximaciones a los grados de legitimidad de esas instituciones. Porque la legitimidad de los parlamentos -al igual que de los Ejecutivos-, está dada en el momento de ser elegidos, pero debe mantenerse durante el período interelectoral.

¿Y cómo medimos esa legitimidad interelectoral? En base a encuestas que nos digan qué grado de confianza tiene el pueblo en las instituciones.

En el siguiente cuadro se expone la confianza de la población de Uruguay, para los 20 años que van de 1995 a 2015, sobre Parlamento y Partidos Políticos.

Vemos que la confianza en el Parlamento ha tenido un crecimiento, con la excepción de la medición del año 2000 (cae de 43.4% a 42.1%) y más notoria la del año 2004 (cae de 42.1% a 34.9%). Para el año 2015 la opinión favorable de esta institución llega a 50.9%. Si promediamos todo el período, llegamos a que el 45.1% de la población tiene una opinión favorable.

A los partidos políticos, aunque más estables, les va peor. Comienzan el período en 1995 con el 38.5% (el dato más alto en toda esta secuencia) y lo terminan en 35.5%. Teniendo un promedio de opinión favorable para todo el período de 36.13%.

Uruguay, elaboración propia en base a los resultados de Latinobarómetro.

Son números bastante bajos para una democracia sólida como la uruguaya.

Veamos qué sucede cuando dividimos las respuestas por rangos de edad.

Para simplificar la lectura del siguiente cuadro, podemos agrupar las respuestas para “Mucha” y “Algo” de confianza en el Parlamento por un lado, y “Poca” y “Ninguna” por otro.

Entre las personas que tienen de 18 a 24 años, el 46.7% se ubica en la primera sumatoria (Mucha o Algo de confianza), el restante 53.3% tienen Poca o Ninguna.

Entre quienes tienen de 25 a 30 años de edad, la confianza es un poquito más, 48.6% y la poca o ninguna en este tramo es de 51.4%.

Entre los que respondieron la encuesta de Latinobarómetro de 31 a 49 años de edad, tienen mucha o algo de confianza en el Parlamento el 48.3%, mientras que los que no confían en esta institución son el 51.7%.

Para el tramo de edad que va de 50 a 64 años, las opiniones favorables reúnen el 55.6%, quedando con respuestas negativas el 44.4% restante.

Por último, para los mayores de 65, la confianza en el Parlamento se divide de esta forma: 55.2% mucha o algo y 44.8% poca o ninguna.

Entre los más jóvenes (menores de 24 años) y los mayores de 50, se dan las opiniones menos positivas en cuanto a la confianza; o vista por el contrario, los que menos confían en el Parlamento.

Uruguay, elaboración propia en base a los resultados de Latinobarómetro.

Ahora consideremos lo que sucede con las opiniones sobre los partidos políticos.

Entre 18 y 24 años, casi un tercio (29.3%) dicen tener mucha o algo de confianza en los partidos políticos. Mientras que el 70.7% restante tiene poca o ninguna confianza.

En la franja que va de 25 a 30 años, se da algo parecido, con un poco menos de confianza: 27.9% tiene mucha o algo, mientras que el otro 72.1% tiene poca o ninguna.

Vuelve a repuntar cuando vemos qué opinan quienes tienen entre 31 y 49 años: el 32.4% de ellos tiene mucha o algo de confianza en los partidos y el 67.6% restante, poca o ninguna.

Con un 42.8% de mucha o algo de confianza se ubican quienes tienen entre 50 a 64 años de edad, teniendo poca o ninguna el 57.2% restante. Éstos son los que más confían en los partidos políticos.

Finalmente, el 42.1% de quienes cuentan con 65 años y más, confían en los partidos políticos, frente al 57.9% del mismo cohorte etario que tiene poca o ninguna confianza.

Al contrario de lo que vimos para el Parlamento, los mayores de 50 años son los que tienen los niveles más altos de confianza en los Partidos Políticos.

Quizás los partidos tengan allí una ventana de oportunidad para trabajar con los menores de 50 años de edad, de modo de ganarse su confianza y mejorar estos resultados.

 

Uruguay, elaboración propia en base a los resultados de Latinobarómetro.

Conclusión

Tanto los Partidos Políticos como el Parlamento, tienen tareas que realizar para mejorar los indicadores de confianza. Se impone un estudio de opinión pública para conocer cuáles son las causas por las que la población tiene tan baja confianza en estas instituciones. Y, como se señalaba al principio, es necesario mejorar estos resultados para mejorar la calidad de la democracia.

Una democracia sólida como la que gozamos los uruguayos, necesita ser medida y fortalecida día a día. Lamentablemente en estos 20 años analizados, los números no son los mejores y deben llamar a la preocupación y a la reacción del sistema político.

 

[1] Przeworski, Adam. Qué esperar de la democracia. Siglo Veintiuno Editores, Buenos Aires 2010.

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